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biblia verdades

 

Mateo 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

 

Este pasaje se encuentra justo antes que el Señor Jesús ascendiera al cielo, donde les da un mandato a los once de ir y hacer discípulos a todas las naciones de la tierra.

El cumplimiento de este mandato se da en la promesa que el Señor Jesús les hizo a los discípulos en el siguiente verso:

 

Hechos 1:8 pero recibiréis poder cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalem, en toda Judea y Samaria, y hasta lo último de la tierra.

 

Si unimos estos dos pasajes, vemos que el Señor le está diciendo a los apóstoles que: por el poder que se les iba a dar iban a ser testigos (uno enviado a contar lo que vio) a todas las naciones, era necesario que ellos contaran, anunciaran la obra del Mesías a todas las naciones como lo dice. Pero la realidad es que el testimonio apostólico no llegó a las naciones de forma presencial, (ninguno de nosotros ha hablado con uno de los apóstoles) más bien nos llegó a través de la Palabra Escrita.

Sabemos que en el principio de la era humana, el testimonio se transmitió verbalmente, pero desafortunadamente el mensaje que tergiverso, de manera que el Señor plasmó toda Su revelación en un texto Escrito. De allí podemos concluir que la Palabra de Dios se conecta con las naciones por medio del testimonio Escrito, dicho de otra manera, las Sagradas Escrituras se conectan con las naciones de una forma tangible a través del idioma Escritural.

 

El mensaje bíblico original está Escrito en tres idiomas: hebreo, arameo y griego, es como si el Señor hubiera dejado su mensaje codificado en esos tres idiomas y para que ese mensaje pueda llegar a cada pueblo es necesario que se traduzca desde los originales al idioma receptor. Entonces tangiblemente lo que nos conecta con Dios son las Sagradas Escrituras. La traducción es el medio que Dios usa para tocar de una forma tangible a las naciones.

 

El sistema de traducción hace su trabajo a nivel del idioma, investigando, estudiando y analizando cuál es el término que transmite mejor la idea bíblica. Para  que esto sea posible de lograr se hace necesario de tiempo, personas y recursos durante un largo periodo de tiempo. Gracias a Dios por ese grupo de seres humanos que dieron de sí para que la Palabra nos llegará de manera que nosotros la pudiéramos entender.

 

El término “naciones” usada por Jesús en Mateo 28:19es el equivalente al griego “Etnos”, de la cual nosotros sacamos la palabra Etnia. La palabra Etnia encierra la esencia de un pueblo, de una cultura o de un grupo de personas conviviendo en un lugar geográfico. Así que, cuando hablamos de etnia, tenemos que hablar de todo lo que ella representa: idioma, cultura, cosmovisión. Así que el idioma es solo una parte de una gran maquinaria conectada a través de varios engranajes. De manera que el mensaje bíblico se conecta con el hombre a través de la Escritura. El gran problema es que solo se mira el idioma, pero así como una etnia tiene todos los elementos mencionados anteriormente, el idioma bíblico también tiene todos estos elementos. Entonces el idioma bíblico, tiene una cultura, una cosmovisión y una geografía.

 

Si partimos de esta verdad tendríamos que traducir el mensaje bíblico no solo teniendo en cuenta su idioma, sino  los demás aspectos de su identidad. Es lo mismo que considera el traductor en toda su investigación buscando el término apropiado. Entonces la meta del traductor bíblico es traducir las Sagradas Escrituras no enseñarlas, pero el traductor espera que el maestro del mensaje, haga la tarea juicioso de explicar el verdadero significado de dicho término, cuando esto no se hace el mensaje puede llegar a medias al oyente.

 

Otro problema que nace debido a que el traductor no sea el mismo que explica o enseña el pensamiento bíblico, es que muchas veces las ideas bíblicas originales no tienen términos que satisfagan todo el significado del original bíblico en la cultura receptora. Cuando esto pasa hay que entender que se debe ampliar, corregir o introducir el término y el significado nuevo a la cultura receptora.

 

Los maestros bíblicos muchas veces no están enterados de todo el proceso de la traducción bíblica y el valor significativo de los términos usados, así que suelen caer en la tentación de interpretar el mensaje desde sus propios lentes culturales, derivando en una desviación del significado original.

 

Ejemplos: El bautizo, este término es prestado del original Griego. En los tiempos de Jesús se usaba como forma de estar de acuerdo o identificarse con la enseñanza que un maestro o rabino daba, sumergiéndose en el agua, como demostración que cambiaba de pensamiento. Pero esta riqueza investigativa se quedó en el traductor, quien hizo juiciosamente la tarea, pero al maestro bíblico y al oyente solo les llega el término, quienes lo único que hacen es ajustarlo a su cultura y darle el significado que en ella hay. Entonces el maestro va a enseñar lo que cree entender del pasaje, sin hacer la investigación pertinente, y el oyente recibe lo que cree entender del maestro, convirtiéndose esto en un teléfono roto.

 

Por otra parte, muchos de los lugares donde se enseña la Biblia han sido afectados por el pensamiento religioso de la iglesia tradicional proveniente de la edad media, asumiendo que la carga significativa actual de los términos traducidos en las versiones bíblicas es equivalentes al significado de los originales. Esto ha generado una confusión de la verdad original y un sincretismo religioso en muchas de las culturas cristianas, lejos de la real intención del escritor bíblico.

 

Como maestros de la Biblia tenemos que comprender que la Biblia primero pasa por la mente del maestro, para luego ser enseñada al discípulo. Así que quien debe ser impactado primeramente es el maestro. Todo lo que representa el pensamiento bíblico y su mensaje debe ser entendido claramente por el maestro para luego verterlo en la mente del discípulo. Una frase para poder entender esto, podría ser  la siguiente: La cosmovisión bíblica primeramente debe transformar la cosmovisión del maestro para que esté a su vez  la pueda traducir a la cosmovisión del discípulo.

 

Los apóstoles habían entendido el mensaje, habían sido testigos de la profecía cumplida en Jesús y cumplieron fielmente la comisión. Para este momento el mensaje estaba fresquito, pero ¿Qué pasa con una cultura como la nuestra, que tiene casi dos mil años de diferencia? ¿Cómo puede estar seguro el oyente en que el maestro le está enseñando lo correcto?

 

Podríamos hacer muchas clases tratando de explicar a los discípulos la diferencia que existe entre términos y conceptos, tratando de enseñar acerca de cosmovisión y conceptos básicos de los idiomas originales, enseñarles varias lecciones de historia antigua y de la iglesia, enseñarles acerca de las analogías usadas en la Biblia para finalmente  tratar de armarle todo el rompecabezas bíblico de tal manera que tenga sentido en la mente del oyente. Además de pasar mucho tiempo corrigiendo malos entendidos de términos, explicando nuevos conceptos etc. Esto se podría hacer, pero sería un trabajo muy arduo.

 

Otra forma de hacer lo que nos ha parecido más rápida y mucho más efectiva es usar la misma Biblia como modelo para cumplir el mismo propósito. La historia bíblica como la diseñó el Arquitecto Divino tiene los elementos necesarios para armar, corregir  y transformar la mente del oyente de tal manera que pueda tener una comprensión clara del mensaje original. El mensaje entendido no solo dará salvación para el receptor, sino que lo capacitará en un modelo que puede usar para enseñar a otros. Eso sería como enseñarle a una persona el idioma bíblico, para que finalmente podamos comunicarnos con entendimiento.

 

Dios sabía lo que iba a pasar, a Él no le tomó por sorpresa. Su Palabra está diseñada de tal forma que es fácil de entender el mensaje. La misma historia contada de la forma que el mismo Dios la armó, se encarga de hacer el trabajo de establecer, de armar, de corregir, de explicar ese mensaje.

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